Mi nombre me reconecta con mi identidad

En una tribu de África, la madre conecta con el niño que va a nacer y crea «Su canción». Con esta canción el niño es recibido al nacer y cada vez que este ser necesite apoyo especial, la tribu le canta SU canción, para así recordarle quien es…

Algo muy similar ocurre con los sonidos de nuestro nombre. Aunque digamos que pusimos un nombre al azar, ese azar es muy relativo.

Algunas mujeres reconocemos haber soñado el nombre de nuestro hijo antes de que naciera. Mi madre soñó mi nombre y a su vez yo soñé los nombres de mis hijos, que primero se presentaron como ambientes sonoros. Esto es más habitual de lo que creemos. Incluso aunque creamos que fue puesto arbitrariamente, nuestro nombre siempre nos reconecta con nuestra esencia, siempre nos recuerda quienes somos y que vinimos a hacer aquí.

Solemos estar tan desconectados, que resulta de gran ayuda y sanador,  una dinámica que hacemos en los talleres, donde cada persona pasa al centro y recibe del grupo su nombre, dicho de manera especialmente sonora y musical, según las indicaciones que se dan para cada uno. Los efectos en las personas son increíbles.

A veces las personas me preguntan cómo es esto del nombre y les respondo, «simplemente, es». Y lo mejor es experimentarlo, ya que no todo se puede comprender con la cabeza…

Los nombres que llegan a la madre u otro familiar como una intuición, como una música sonora irracional,  estos nombres que no existen en el sistema familiar, donde pareciera que la madre simplemente fue capaz de escuchar a ese ser que tenía en su vientre y nombrarlo, acorde a la energía que trae, estos son los nombres que denomino de la corriente del Yo, de la individualidad. En estos casos no es la tradición local o familiar la que prima, sino lo que el niño trae de su ser más antiguo y eterno.

Pero no olvidemos que todos los nombres son el mejor que pudiéramos haber recibido o que pudiéramos haber dado a nuestros hijos. Nuestro nombre siempre es correcto, siempre está bien, siempre nos ayuda, también ese nombre de la abuela que pusieron aparentemente al azar, no es azar, sino, resonancia.

Si tu nombre es sistémico, si es de corriente del Yo o de la tierra, todos tienen el mismo valor, todos nos conectan con nuestra identidad. ¡Acéptalo, quiérelo!

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