El estímulo del Lenguaje necesita Movimiento

Autora: Renate Zimmer (2008)

Traducción: Tamara Chubarovsky

En la actualidad, la estimulación del lenguaje ocupa un lugar central en el debate político-formativo. Desde hace algunos años puede observarse una preocupante tendencia hacia el fomento aislado de las competencias lingüísticas, que de modo fatal recuerda el currículum de orientación funcional de los años 1960-1970. También en aquel entonces hubo “programas de entrenamiento lingüístico” (Schüttler-Janikulla 1971), que en el contexto de un curriculum orientado al modo de vida y a la situación, ya por aquel entonces eran fuertemente criticadas. Esa concentración unilateral hacia la práctica aislada de facultades lingüísticas, constituye nuevamente una amenaza, ya que en la actualidad en el mercado se observa un cúmulo de tendencias que tratan la estimulación del lenguaje con excesiva orientación funcional. Este,   sin embargo, debería estar sujeto a las tareas de todos los días en el ámbito del jardín de infancia y sin lugar a dudas, debería estar ligado a otros ámbitos formativos esenciales. Únicamente así, se estarán tomando en cuenta los intereses y las necesidades de los niños (que en realidad tienen un interés menor en el habla en sí y que más bien lo utilizan como medio para la finalidad).

¿Qué significado, qué importancia especial tiene el movimiento en este sentido? El interés de los niños en el movimiento, su necesidad de experiencia sensorial y en el quehacer inmediato, son condiciones previas óptimas y posibilidades para el apoyo de los procesos de aprendizaje lingüístico. Dado, que el movimiento a su vez se encuentra ligado a la percepción, posibilita incentivos diferenciados para la adquisición y la ampliación de las competencias lingüísticas.

 

Primero el niño se comunica mediante su cuerpo, luego, mediante la palabra

Ya el lactante toma contacto con el mundo, mediante gestos y mímica. A través de movimientos de brazos y piernas expresa bienestar o señala rechazo, al apartarse físicamente de alguien.

Con el tiempo, la comunicación verbal asume la función de establecer comunicación e intercambio, siendo, que hasta en la edad adulta, las señales no-verbales siguen siendo medios importantes de comunicación.

Además, el niño utiliza el lenguaje para la realización de un propósito, quiere “que las palabras hagan que sucedan cosas”. Sin embargo antes, a través de su cuerpo hace que pasen cosas: la pelota puesta en movimiento mediante el movimiento del pie, le transmite la sensación de la auto-efectividad, se siente autor de un resultado. El creciente dominio del cuerpo y del habla, poco a poco le abren al niño el camino hacia la independencia.

 

Primero se explora mediante la acción, luego se interioriza a través del hablar

Primero las cosas son exploradas  a través del movimiento y la percepción sensorial, recién después aparece el acompañamiento lingüístico. El niño, por ejemplo, hace rebotar una pelota en el piso, “pelota salta”, dice luego el niño –lo dice después y no antes de haber tenido la experiencia-. En la acción, en el trato activo con los objetos, descubre al lenguaje como medio útil, como herramienta del actuar.

Recién con el tiempo, las acciones se interiorizan y el niño puede reflejar la acción. Entonces, el lenguaje posibilita una antelación de la acción a través del pensamiento: (“yo quiero jugar con la pelota”) o, una reflexión retrospectiva de la acción (“yo metí un gol”), generando una distancia con respecto a la acción.

La adquisición del habla está ligada estrechamente al desarrollo cognitivo, el punto de partida sin embargo para ello es la manipulación práctica, la actividad física. También el lenguaje es un proceso físico-motiz. Las experiencias obtenidas a través de la acción, se convierten en conceptos gracias al lenguaje. Estos conceptos posibilitan al niño a realizar una réplica interior del mundo. Los términos temporarios tales como “despacio/lento” y “rápido/veloz”, los conceptos referidos al espacio tales como “alto” y “bajo/profundo”, pueden ser experimentados por el niño de modo inmediato a través de los actos realizados mediante el movimiento. De esta manera amplía su vocabulario y adquiere la condición previa para la comprensión de la clasificación lingüística.

A partir de estos elementos podemos entender, que tanto el fomento del habla, como también la educación motriz, pueden ser comprendidos solamente de una manera global. El niño aprende a adueñarse de su cuerpo y lenguaje, si se encuadrada al movimiento y al lenguaje en situaciones y acciones llenos de sentido y significado, en las cuales se entretejan partes verbales y no-verbales de la acción.

Es fundamental tomar en cuenta este hecho, a la hora trabajar el fomento del habla y la adquisición lingüística de los niños.

 

El niño aprende a través del movimiento

El niño se mueve no solamente por el placer que produce la actividad, sino que generalmente está impulsado por su interés cognitivo. Las actividades del movimiento son actos de exploración, en los cuales el niño se crea una imagen de la naturaleza y la condición de las cosas, sometiéndolas al examen dentro de la acción propia. En busca de soluciones, puede variar sus actos, colocando al movimiento como medio para la finalidad. Por lo tanto, los actos motrices se planifican, se maniobran y se controlan; están ligados a estrategias y soluciones de problemas: ¿el camino elegido conduce a la meta? ¿Qué posibilidades alternativas están a disposición? El educador puede comentar verbalmente las actividades motrices del niño. De esa manera, la atención del niño se orientará aún más intensivamente hacia el asunto: el lenguaje está al servicio de la toma de conciencia de un asunto, del efecto experimentado con el mismo (“has embocado con la pelota exactamente dentro del aro”). De esta manera, los actos se convierten en tomas de conciencia.

Estos ejemplos no muestran como estimular puntualmente determinadas competencias lingüísticas. Propuestas de situaciones que invitan al movimiento, escenificadas conscientemente o derivadas del juego espontáneo, pueden ser sin embargo para los niños, motivación para el hablar, para la ampliación y la diferenciación de su capacidad lingüística. A través de los juegos relacionados con el movimiento pueden provocarse procesos de aprendizaje. Un juego puede posibilitar una gran cantidad de  actividades motrices, así como posibilidades para el fomento del habla –las situaciones se “verbalizan”. Las actividades del juego a su vez son complejas situaciones de aprendizaje lingüístico.

Del mismo modo, las actividades lingüísticas a su vez pueden convertirse en estimuladoras del movimiento. La descripción de una situación puede ser acompañada por gestos y movimientos.

 

Estimular el  movimiento significa estimular el lenguaje

El Lenguaje y el movimiento son para los niños, medios esenciales para apropiarse del mundo, para expresarse y comunicarse. El objetivo básico de una estimulación lingüística (en niños)  orientada hacia el movimiento debería consistir en la creación de un medio circundante incentive y estimule la actividad y la acción, en el cual el niño pueda implementar el cuerpo y el movimiento, el lenguaje y la voz, para comunicarse consigo mismo y con los demás. El medio preferido al respecto es el juego.

El estímulo del lenguaje de este modo ocurre manera indirecta y se basa, sobre todo, en las múltiples ocasiones que se presentan para el lenguaje, a través del juego compartido: en la construcción, en el debate con respecto a los roles y personajes y reglas, en el trato espontáneo de la propia voz en el juego. El lenguaje se desarrolla sobre todo en el contexto motivador y lúdico, presente en las Rimas y juegos con movimiento.

Debe tratarse de un estímulo global, que no se limite a ámbitos específicos del lenguaje, sino más bien al despertar del deseo del intercambio lingüístico, del aprovechamiento del habla, para poder comunicarse y divertirse. Viendo la importancia  indiscutible que tienen el fomento del lenguaje y del movimiento para el desarrollo del niño, el fomento de éstos debería ser una tarea transversal del trabajo pedagógico en el jardín de infancia. Mediante la consciente puesta en escena de procesos de aprendizajes del lenguaje orientados hacia el movimiento, se abre la posibilidad de apoyar a los niños en el aula, sin necesidad de someterlos a sesiones de logopedia individuales. De esta manera, se llega a todos los niños, que a causa de su procedencia social y cultural y sus condiciones previas culturales necesitan un apoyo especial, dado que el fomento del habla orientado hacia el juego contiene la posibilidad de tomar en cuenta las competencias de los niños y no sus debilidades.

 

Tratamiento Holístico

Cuanto más pequeños son los niños,  tanto más necesitan actividades y diálogos (o textos rimas), en los cuales la lengua hablada se vincule en menor medida a la  expresión racional y en cambio experimente  percepciones sensoriales y movimiento. El fomento del habla orientado hacia el movimiento debería crear un entorno que estimule la actividad y la acción, en el cual el niño pueda implementar de igual manera el cuerpo, el movimiento y el lenguaje.

 

Ámbitos del desarrollo lingüístico y del fomento del habla

El habla abarca tanto la comprensión lingüística como la facultad del hablar, de comunicarse con los demás. La Lingüística diferencia varios ámbitos del lenguaje:

La prosodia: la separación rítmica de las  unidades del lenguaje (sílabas cortas y largas; acentuadas y no acentuadas); la entonación, melodía

La articulación y formación del sonido – (fonética, fonología)

El significado (semántica)

El vocabulario (léxico)

La formación de la oración (sintaxis)

El acción, el efecto del lenguaje (pragmática).

En este contexto Grimm y Weinert (2002) señalan, que todo niño tiene que adquirir

competencias prosódicas (acento, ritmo, musicalidad)

competencias lingüísticas (organización de sonidos vocales y conocimiento del significado de las palabras)

competencias pragmáticas (empleo comunicativo del habla)

Sobre todo, en los ámbitos de la prosodia, la formación del sonido, del vocabulario, y en el empleo comunicativo del habla, el movimiento puede tener una función de acompañamiento, de apoyo y de motivación.

 

Ritmo y melodía del  lenguaje  (prosodia)

Cada lengua tiene un determinado ritmo y melodía.

Acentuamos palabras, dando un sentido a lo que decimos. A partir de la altura de los tonos y su curso podemos darnos cuenta por ejemplo, si en el caso de una expresión se trata de una afirmación, una pregunta o de un pedido.

La prosodia se refiere por lo tato al aspecto melódico, la altura del tono, acento, el ritmo y la intensidad del sonido de nuestro lenguaje.

Esta facultad puede ser practicada por ejemplo en los juegos ritualizados de preguntas y respuestas. Es así que muchos juegos infantiles populares contienen preguntas y respuestas:

El grupo exclama: Pescador, pescador, pescador, ¿cuán profundo es el agua?

El que pilla (el “pescador”) contesta: Cien metros

El grupo: ¿Cómo podemos cruzarlo?

El pescador: ¡Saltando a la pata coja!

A una pregunta, sigue una respuesta. La pregunta, asciende manifiestamente en la altura del tono, la respuesta desciende. Aquí, se practica la facultad de la prosodia, de hecho, no como un juego lingüístico, sino como un juego de movimiento, puesto que todos los niños saben, que después de la última respuesta del pescador, el mismo intentará apresar a los peces, cuando cruzan el espacio que los separa. Ese ritual se repetirá varias veces.

 

Articulación y formación del sonido (fonética)

La fonética describe la manera en la cual percibimos y producimos sonidos. Los fonemas (sonidos), son las unidades más pequeñas diferenciadoras de significados de la legua hablada. El niño adquiere la facultad de reconocer y diferenciar los elementos audibles del habla. Los sonidos tienen que ser reconocidos auditivamente y formados lingüísticamente. Se trata tanto de la audición  como de la pronunciación y articulación exacta. (sobre todo de los sonidos iniciales y finales)

La condición previa para esa capacidad es una diferenciada percepción auditiva. Los juegos, rimas y ejercicios, en los cuales se perciben, se reconocen y se diferencian sonidos, ruidos o expresiones lingüísticas, contribuyen a que los niños agudicen su oído (esto a su vez es la base para la enseñanza, el aprendizaje de la escritura y la lectura).

A ello pertenecen asimismo juegos, en los cuales es necesario prestar mucha atención auditiva: en los que es necesaria la diferenciación de sonidos parecidos entre sí, la diferenciación de sonidos fuertes y tenues, de altos y bajos, el darse cuenta de de qué dirección proviene el sonido. Cuando aquí hablamos de “conciencia fonológica”, nos referimos también a las capacidades tales, como el escuchar rimas, el inventar rimas, la separación de palabras en sílabas.

Podemos marcar las sílabas dando palmas, pisando con los pies, golpeando, contando, acentuando –esto contribuye a que los niños adquieran un conocimiento de la estructura del sonido de las palabras habladas.

Las Rimas y los Versos pueden estar acompañados por juegos con los dedos, gestos de sonido y movimientos rítmicos. Es así, que el nombre del niño puede ser incluido por ejemplo en un juego rítmico: “So-fí-a”: ¿Qué sonidos del nombre pueden ser alargados, pueden ser pronunciados con mayor lentitud? El nombre cobra movimiento: ¿En qué sonidos puede darse un paso más largo? (alargar vocales). ¿Cuán lejos puedo llegar con mi nombre? ¿Qué niños pueden llegar más lejos? ¿Cómo se llaman, cómo explicarse la distancia?

La conciencia fonológica cobra validez la condición previa para el logro del lenguaje literario.

 

Significado de la palabra, vocabulario y formación del concepto (léxico)

La construcción del vocabulario activo y pasivo es una importante tarea en el desarrollo del niño. Cada objeto es relacionado con una palabra y  por tanto en cada objeto se experimenta un concepto. En los juegos con movimiento pueden  surgir categorías conceptuales. (¿De qué manera podemos desplazarnos? ¿Qué posibilidades del andar existen? Paso normal, sigiloso, a la carrera, dándose postín, etc.) Las experiencias sensoriales amplían al vocabulario y conducen a la formación de términos: redondo, anguloso, duro, blando. Mediante el tocar, el reconocer mediante el tacto, el asir y el denominar, las cualidades percibidas por el tacto de los objetos, se convierten en conceptos. El niño tiene que percibir al objeto con todos sus sentidos, tiene que tocarlo, tratarlo, tiene que experimentar todo aquello que puede hacerse él –esto conduce a la comprensión de los conceptos.

En el así llamado diccionario, se encuentran almacenadas todas las palabras que conocemos. Cuando en el caso de las actividades realizadas con movimientos, los educadores comentan lingüísticamente los actos de los niños, esto permite, que los niños amplíen su vocabulario.

Nota de la Traductora:

En los DVD “Rimas para una Infancia sana” (Rimas y Juegos de Dedos, Rimas y Juegos sonoros, Rimas y Juegos de Movimiento, Tamara Chubarovsky 2012) encontramos múltiples ejemplos de cómo estimular el lenguaje en los niños a través del movimiento de manera lúdica.

También el “Teatro para niños” y “La Logopedia Holística”, llevada a cabo por la misma autora, comparten los principios de Renate Zimmer. Otro título relacionado: “Estímulo del Lenguaje a través del Movimiento” R. Zimmer, Herder 2009

Por | 2013-05-23T08:55:25+00:00 mayo 23rd, 2013|Desarrollo del lenguaje|5 Comentarios

5 Comentarios

  1. Yain 2 febrero, 2014 en 9:11 am - Responder

    Felicidadaes articulo. Saluditos.

  2. […] del cuerpo de manera independiente (libre de reflejos), es la base del desarrollo del  lenguaje (El lenguaje necesita movimiento) (movimiento y lenguaje) en sí, ya que la articulación es motricidad. A su vez aporta […]

  3. Natalia 17 enero, 2016 en 2:59 pm - Responder

    No me queda claro, por qué es hoy necesario estimular el lenguaje…gracias de antemano por una orientación.

    • Tamara Chubarovsky 14 marzo, 2016 en 8:38 am - Responder

      Porque el movimiento es la base del lenguaje, el lenguaje es movimiento, son micromovimientos que necesitan de un estimulo global y específico del cuerpo!

  4. Elvira Fernández 22 abril, 2017 en 8:48 pm - Responder

    ¡Fantástico artículo! Ojalá muchos profesionales de la docencia y la pedagogía tomasen en consideración de la importancia del movimiento en la primera infancia…

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