Cada vez nos encontramos con más niños inquietos, o con déficit de atención, a los que en edad temprana les cuesta escuchar un cuento o concentrarse en un juego. Estos niños más adelante tendrán también dificultades para atender cualquier lección o centrarse en una tarea académica.

Con actividades agradables como el juego o el cuento, los niños pueden entrenar las facultades de la concentración y la atención, tan necesarias para realizar cualquier otra actividad menos lúdica.

Lo agradable es la base del aprendizaje.

Si de entrada todo es arduo, el niño se cierra completamente y deviene en frustración, bloqueo o mal comportamiento. Los niños inquietos nunca lo hacen adrede; siempre debemos preguntarnos qué déficit en su organización sensorial tienen, qué es lo que les impide integrar aquello que el adulto está contando. Debemos ayudarles, paso a paso, para que sean capaces no solo de concentrarse sino también de disfrutar de ello.

Para muchos de estos niños escuchar un cuento ya es una actividad demasiado compleja. Una manera de ayudarles es ofrecerles más elementos sensoriales: lograr que el cuento les entre por los oídos, la vista, las sensaciones táctiles, motoras y del propio lenguaje. Es en este sentido que los teatrillos de mesa, muy difundidos en la pedagogía Waldorf, además de servir de entretenimiento, tienen una base pedagógica y terapéutica de gran valor.

A los niños de tres años, sobre todo a los varones, les suele costar escuchar, pero también hay niños de cuatro, cinco y seis años que presentan la misma dificultad. No tienen la madurez neural para poder estar sentados quietos. Su sistema vestibular, relacionado con el equilibrio, la capacidad de escucha y la atención, puede estar inmaduro. También pueden tener patrones inmaduros de movimiento.

Frente a la pantalla, el cerebro no tiene que hacer ningún esfuerzo. Está como dormido. Los ojos ven imágenes tridimensionales en formato bidimensional, lo que no exige la adaptación a las distancias de los ojos. Las imágenes vienen hechas, no se necesita ningún esfuerzo imaginativo. La terapia para estos niños es todo lo contrario; hay que ayudarles a ser capaces de asimilar y volver a sensibilizarles. Para eso es necesario aquietar sus sentidos, eliminar los estímulos fuertes y ayudarles a que sean capaces de disfrutar de estos pequeños cuentos como lo haría cualquier niño sano. La expresión “me aburro”, no hay que tomarla textualmente.

Los cuentos breves y sencillos, con cancioncillas y rimas, les permiten entrar en la magia del cuento y poder participar activamente con todos sus sentidos, lo cual evita el manido aburrimiento. Pueden cantar o decir la rima con la maestra. No están forzados a estarse completamente quietos y callados. A medida que contamos el cuento un día tras otro, cada vez son más los que participan activamente de él.

Los cuentos de repetición, hechos como teatrillo de mesa, han dado excelentes resultados en niños con necesidades especiales y problemas específicos de lenguaje.

 

Con mis niños del jardín de infancia Las Tres Naranjas, prácticamente siempre contaba el cuento con el soporte del teatrillo de mesa. La gran ventaja de esta técnica, para un grupo de edades variadas entre los tres y los seis años, como solemos tener en los jardines de infancia Waldorf, es que facilita a los más pequeños la visualización de lo que va ocurriendo. Para niños de dos años, un juego de dedos, ya es la medida justa para un cuento. Sin embargo, si los tenemos en un grupo mezclado, ya sea en casa, en una clase o en una sesión de cuentacuentos, ésta es una buena manera de integrarles.
Los niños mayores de la clase, de cinco y seis años, después de contar algunos días el mismo cuento podrían empezar a aburrirse. Es entonces cuando pasan a ser ayudantes, y cada día uno o dos pueden colocarse detrás de la mesa con el educador y ayudar a mover los personajes así como a decir alguna frase. Al final, todos quieren colaborar, también los de cuatro y los de tres, de modo que tenemos recursos para varios días. De la misma manera funciona en clases de edades homogéneas.

Si los niños tienen personajes de teatrillo sencillos a disposición para el rato del juego libre, incorporarán a sus juegos la técnica del teatrillo de mesa. Les veremos hacer en el suelo o sobre la mesa grandes montajes y escenografías con troncos, piedras, conchas, animalitos y muñecos. Luego los taparán, los destaparán y comenzarán a narrarlos. Hoy día a muchos niños les cuesta jugar solos, se aburren, necesitan estímulos externos. En este sentido, el teatrillo de mesa suele ser un activador de la capacidad de fantasía innata en niños de infantil y, lamentablemente, a veces dormida. Mis hijos han sido grandes genios del juego con títeres de mesa y siempre me resultó un misterio los montajes que hacían. Nunca supe qué estaba planificado, pues había personajes escondidos que iban apareciendo y que surgían de la narrativa espontanea. Realmente parecía haber un equilibrio perfecto entre planificación e improvisación. De más está decir la enorme influencia positiva que tiene este juego sobre la capacidad de expresión.

Por Tamara Chubarovsky, marzo 2013, extracto del libro Cuentos para ver, oír y sentir, tomo I.