¡Háblame bonito!

Claves para comunicarnos con nuestros hijos.

Si decimos que hay palabras y maneras de hablar que matan, que hieren, que enferman y que condicionan negativamente el desarrollo del niño, es también porque hay palabras, formas y maneras de hablarle al niño que apoyan y refuerzan su desarrollo y su integridad.

En referencia al significado de las palabras, expresiones como “eres tonto”, “eres malo”, etc, es evidente que dañan el núcleo del ser del niño, pero algo de lo que no somos tan conscientes es el tono y la manera que tenemos de comunicarnos con nuestros hijos, con las que también podemos dañarlos o, por el contrario, reafirmarlos.

Por ejemplo, cuando gritamos histéricos al niño: ¡Qué te estés tranquilo! ¡Qué no grites! con la intención de calmarlo, no somos conscientes de que no le llega tanto el significado de nuestras palabras como el impacto de la carga emocional histérica, dura o agresiva desde donde las expresamos. Es difícil tranquilizar a un niño si nuestra comunicación es histérica, nerviosa o emocionalmente agresiva.  Cuanto más pequeño es el niño, tanto más debemos cuidar como decimos las cosas, dado que su alta sensibilidad percibe mucho más el contenido emocional que lo que decimos. Si constantemente hablo con un tono seco y duro, aunque no sea gritando, transmito una carga emocional que puede ser nociva.

Nuestro lenguaje va a modelar realmente al niño en el ámbito emocional, cognitivo y hasta en el fisiológico. Es decir, como hablamos, es mucho más que un referente para que el niño aprenda a hablar y mucho más que comunicación verbal. En la primera infancia el pulmón aún está aprendiendo a respirar y constantes sustos provocados por los gritos de los adultos pueden crear, a largo plazo, un patrón respiratorio y un funcionamiento del pulmón más débil.

En nuestras manos está pues, hacernos cargo, responsabilizarnos de nuestra manera de hablar, tanto respecto de las palabras que usamos, como del tono y la melodía.  En los talleres de Encuentro con mi voz, una y otra vez, compruebo la falta de consciencia que se tiene respecto al tono subliminal que emitimos al hablar. Apenas nos damos cuenta si nuestro tono es duro y emite una energía de cierto enfado, o si por el contrario es demasiado  blando y ñoño, y por ejemplo, nuestro “NO” carece de consistencia. Una mala práctica en las mamás que tienen este último patrón, es que enfadadas al no conseguir su objetivo tras cinco “noes” poco convincentes,  terminan gritando otros cinco “noes” histéricos.

El punto medio, hablar con claridad, pero desde la asertividad, con seguridad, presencia y energía, pero sin atisbo de agresividad, es todo un reto. También debemos aprender a hablar con un tono cálido, envolvente y redondo sin caer en la ñoñería.

Los niños quieren escuchar personas de verdad, auténticas, verdaderas y con control y conciencia de sí mismas, -que esto no se contradice-. Si tengo un tono de voz amplio y profundo (es mi caso), en el diálogo directo con los niños puedo dirigirme desde esta voz amplia, que es mi verdadera voz, pero con conciencia del gesto que empleo, procurando que sea cálido y amoroso, o si la situación lo requiere, firme, pero libre de emociones negativas.

En fin, sé que lo que les propongo es un gran reto, pero se trata del futuro de nuestros niños y por ende de nuestra sociedad…Transformándonos a nosotros mismos, empieza la transformación del mundo. ¡Animo, que merece la pena!

¿Y cómo lo hacemos?

¿Es posible trabajarnos estas cosas? La manera de hablar se puede entrenar, en un primer momento se trata sobre todo de ganar autoconciencia, es decir, presencia en nosotros mismos y auto percepción respecto a nuestro tono y tipo de frases que hacemos, para desde ahí, desde el darnos cuenta, poder ir corrigiendo.

Algo también sumamente importante es si nuestra voz suena bien, libre de ronqueras y disfonías. Un lenguaje bien articulado y con un tono saludable, también genera una buena disposición de patrones respiratorios y de lenguaje en el niño, ya que por empatía orgánica, sus cuerdas vocales vibran como las nuestras y si nosotros a todos los niveles “vibramos positivo”, más vibración positiva llegará a la vida del niño.

Un consejo para empezar el cambio ya

Rudolf Steiner nos recomienda lo siguiente: Si has nombrado al niño durante el día con un grito o tono duro, antes de finalizar el día, vuelve a decir su nombre amorosamente. Así podemos reparar mucho del daño hecho.

Lamentablemente muchos padres y maestros dicen el nombre completo del niño, justamente para regañarles, relacionando al niño, su nombre, su identidad entera, a nivel inconsciente, con algo negativo. Enfadados los adultos dicen ¡Alejandro! Y con tono amable ¡Ale!. Desde mi experiencia, valoro mucho la importancia de ser nombrados con nuestro nombre completo, ya que esto aúna potencialmente nuestros talentos y cualidades innatas.

Os invito a cuidar la manera en que nombramos a nuestros niños: nombrémoslos aceptando todo su potencial, nombrémoslos con el nombre  completo y bonito.

Escrito por: Tamara Chubarovsky

https://www.youtube.com/watch?v=PP650aHgLZs

www.tamarachubarovsky.com

Por Tamara Chubarovsky, Octubre 2013

Enlaces relacionados: http://www.teinteresa.es/salud/cerebro-ninos-amor-pequeno-normal_0_800920630.html

http://www.bebesymas.com/ser-padres/gritar-a-los-ninos-dana-su-autoestima?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+bebesymas+%28Beb%C3%A9s+y+m%C3%A1s%29&utm_content=FaceBook

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10 comentarios en “¡Háblame bonito!”

  1. Olé! La verdad es que todavía tengo muy poquita conciencia de mi voz, como si fuera algo ajeno a mí… sé que trabajar mi voz ayudará mucho a mi desarrollo personal, a veces siento como un bloqueo en la garganta. A ver cuando coincidimos, me encanta tu enfoque! Lo que sí procuro hacer es tratar a mi hijo siempre de forma respetuosa. Si somos firmes con amor es todo mucho más fácil. Un abrazo

  2. Es maravailloso eate articulo, Nos deja una ensenanza que tiene unp
    impacto asombroso y amoroso a nosotros y h
    para nuestros hijos,
    Donde nos mas informacion de este tipo? Talleres, cursos, videos, etc.

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