Entre los 3 y los 5 años los niños tienen un gran regalo, el don de la fantasía. Es la etapa del llamado “juego simbólico”, donde tienen la capacidad de en su imaginación, transformar una simple madera en una  plancha, un filete o una lancha.

Al rededor de los 5 años, esta fantasía exuberante poco a poco desaparece, y  el juego se va volviendo más premeditado y planificado, base de una nueva etapa de gran imaginación y complejidad en el juego, donde aparecen las típicas frases como “Hacemos que yo era la vendedora y tu eras…”.

En la transición de una fase a la otra de juego, muchas veces aparece el “me aburro”. La fase del juego planificado es donde se siembra la semilla de la iniciativa propia, de la capacidad de emprendimiento. Si llenamos a los niños con exceso de juguetes,  si todo el entretenimiento les viene desde afuera, si no permitimos el aburrimiento, mermamos el desarrollo de las capacidades de iniciativa, emprendimiento y creatividad. Debemos dejar de temer el aburrimiento, ya que  sólo desde este estado es posible que surja inventiva desde adentro, que surjan nuevas ideas para el juego.

A través de las pruebas de madurez física (lateralidad, dominancia, destreza motriz, reflejos superados, madurez emocional, capacidad de representación y abstracción) podremos comprobar que en la mayoría de los niños de 5 años aún no están las facultades para que el aprendizaje de la lectoescritura fluya con facilidad. Lo menciono porque es el momento en el que muchos padres creen que su hijo ya está aburrido de jugar y que necesita “aprender algo de verdad”.

Hoy vemos a miles de niños tiranizando a sus padres, o enganchados a todo tipo de estímulos externos como son las tablets, móviles o TV. Ese vacío que en la infancia puede llenarse con la adicción a imágenes externas provenientes de las nuevas tecnologías, puede ser sustituido en la adolescencia por adicciones a  sustancias.  Es necesario que desde ese vacío por la merma de capacidades de fantasía, dejemos resurgir nuevas capacidades creativas.

Lamentablemente muchos niños sufren saturación y sobreestimulación desde muy temprana edad, y por tanto ya parecen aburridos con dos o tres años. Ese niño sobre adaptado, que con 3 años hace todas las fichas que le exigimos, que ya no exige sus espacio de juego y movimiento libre, también debería preocuparnos.

Salvemos la infancia y el derecho de los niños a jugar. En países en vías de desarrollo, los niños corren el riesgo de no jugar por tener que trabajar. En países desarrollados, corren el riesgo de no jugar por tener que estudiar. En ambos casos se trata de “infanticidio”.

El juego es el trabajo más importante de la infancia.

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