Hoy quiero hablar de este tema, ya que es recurrente que me hagan preguntas respecto al bilingüismo en niños pequeños.

No se trata de estar a favor o en contra,  sino de tener ciertos criterios claros, en base a los cuales cada uno pueda  tomar las mejores decisiones a favor del sano desarrollo del niño.

Llamamos LENGUA MATERNA justamente a aquella lengua que aprendemos a través de nuestra madre. Junto con la lengua materna recibe el niño una envoltura anímica, recibe el alma de ese pueblo plasmado en la sonoridad del lenguaje, recibe el vínculo con su madre (y padre respectivamente).

La lengua del país donde nacemos, aunque no sea la de nuestros padres, será la que definitivamente nos nutra e imprima su sello,  influyendo en aspectos del carácter y la personalidad. De hecho podemos observar como cada uno de nosotros en el momento en que habla otra lengua, por un instante se impregna  de características de ese pueblo: Hablar alemán nos estructura, hablar italiano nos suelta.

Para un niño pequeño, que apenas está aprendiendo a hablar,  crecer con dos idiomas no es lo más sencillo. Estos niños muchas veces tardan más que otros en lanzarse a hablar, incluso puede que tengan una fase de tartamudeo. Desde la antroposofía hay quienes desaconsejan que el niño menor de tres años conviva con dos idiomas, ya que es como darle dos envolturas anímicas a la vez. Sin embargo hay veces que esta medida, a mi modo de ver,  trae más inconvenientes que ventajas. Una amiga argentina residente en Alemania tuvo sus hijos allí y se esforzó en hablarles solo alemán. El resultado es una madre que renunció a comunicarse a través de su propia lengua, la más natural para vincularse con los propios hijos. La comunicación le resulta un esfuerzo añadido ya solo por la falta de espontaneidad que se suele tener en otra lengua. Por otro lado, amigos alemanes residentes en España, decidieron que su hija hasta los 3 años solo escucharía alemán. Esto los llevó a un comportamiento de aislamiento y falta de espontaneidad en lo social, evitando castellanoparlantes. Con los siguientes hijos ya fueron más flexibles.

Estos casos nada tienen que ver con el concepto de ENSEÑAR un segundo idioma. En estos ejemplos vemos situaciones familiares donde lo natural sería que los dos idiomas pudieran convivir, aunque el niño luego hable más tarde, aunque tartamudee en algún momento y  aunque no domine a la hiperperfección ninguno de los idiomas, ya que por encima de todo eso están los VINCULOS, el vínculos con los padres, y el vínculo con el país donde se nace, ambos, imprescindibles. Eneste tipo de casos de bilingüismos, importante es mantener la coherencia: si la madre habla francés, que SIEMPRE hable francés, si el padre habla inglés, que siempre hable inglés. Es decir, que cada persona esté claramente vinculada a una lengua.

Otro cantar es esta moda actual de que los niños aprendan de chiquitos inglés, porque encontrarán mejor trabajo en el futuro…O Chino. Escuché el caso de una familia que puso a su bebé una niñera china, para que le hablara en chino, o padres que hablan a su hijo en inglés, aunque sean españolísimos. En este caso la enseñanza de la lengua surge de un plano mental. Desde lo racional los padres PIENSAN que sería bueno que aprendiera inglés. Pero solo desde el CORAZON es que podemos comunicarnos verdaderamente. Hablar con nuestro hijo no puede tener nunca fines mercantiles, debe devenir del simple deseo de conexión. Conozco casos de este tipo, donde los niños desarrollaron una gran hiperactividad, inquietud, estado descentrado e incluso violento. Y no es de extrañar, ya que el niño no ve transparencia sino confusión. Le falta la envoltura cálida de la lengua materna-paterna-local, lo que se transforma en frialdad en su comportamiento y dificultad para enraizarse. Claro que no todos los niños reaccionan así, pero esta actitud de los padres, unida a una tendencia por parte del niño, agudizan los síntomas.

Por último quiero tratar el caso de la enseñanza de la segunda lengua en la guardería o escuela infantil. Con entusiasmo hoy día se habla de las ventajas de que el niño desde pequeño aprenda idiomas, ya que la elasticidad de su cerebro le permite aprender de manera más rápida y fácil. El problema está en el ansia de “aprovechamiento” de la elasticidad del cerebro. Se “aprovecha” para meter en el niño lo que los adultos consideran importante, ya sea idiomas, letras, números o conocimientos de cultura general. Sin embargo el niño hasta los seis años debe aprovechar esa flexibilidad del cerebro para moldearlo, mielinizarlo y  estructurarlo para que en el futuro pueda ser capaz de aprender de todo. Cualquier enseñanza dirigida no es otra cosa que un desvío de la atención y de las energías del lugar en donde tienen que estar. Toda la energía y la atención debe estar puesta en la madurez corporal y en la libre vinculación con su entorno. Enseñar inglés es igual de intelectualizante que enseñar la A. Y es más importante tener la buena predisposición cerebral para en el futuro aprender cualquier idioma y cualquier letra, que con tres años saber dos palabras de inglés y la A. Lo que sí podemos hacer es acercar al niño la sonoridad de otras lenguas a través de rimas, canciones y cuentos cortos. Es decir, a modo de juego, libres de toda finalidad, darle la posibilidad de saborear los sonidos de otras lenguas.

 

Nota:

En las escuelas Waldorf en primaria se suelen introducir dos lenguas extranjeras, pero durante los tres primeros cursos será un acercamiento lúdico, rítmico y sonoro, desde lo puramente oral. Es recién en 4, que se introduce la escritura y gramática. Se trata la lengua extranjera como la materna, primero desde lo oral y vivencial, para luego plasmarlo en escritura y analizarlo. En el jardín de infancia, ya a modo personal, si la maestra sabe otro idioma, tal vez enseñe alguna canción o rima, tal como mencionamos antes.

 

Tamara Chubarovsky, 18 de julio de 2014