Tu nombre es sanador. Tu nombre completo (sin apodos ni diminutivos) esconde un enorme potencial de diagnóstico y terapia que yace escondido entre sus sonidos.

Si bien ya llevo 25 años trabajando con el Arte de la Palabra según Rudolf Steiner, fue en el 2006, que de manera fortuita durante un taller,  descubrí el enorme potencial de diagnóstico y terapia que existe escondido en nuestro nombre.

Poco después,  tenía un taller intensivo de tres días en Palma de Gran Canaria. Fui decidida a comprobar, si aquel descubrimiento, que me había caído como un regalo,  funcionaba.

En la ronda de nombres comprobé como efectivamente, según como cada persona decía su nombre, según que sonidos o sílabas estaban débiles, según que parte del nombre omitía y varios detalles más, podía hacer una radiografía de la persona y lo que resultaba aún más interesante, podía sugerirle un camino de trabajo.

Entre tanto escuché a cientos de personas y en el 100% de los casos funciona. Es por esto, que he ido modificando mi enfoque de trabajo en los grupos y sesiones individuales creando lo que hoy día denomino THONO, terapia holística del nombre.

Mi base sigue siendo el Arte de la Palabra, ya que ella me enseñó la cualidad y acción curativa de cada sonido, también sigo trabajando con los ejercicios, según las indicaciones de Rudolf Steiner.

¿Dónde está entonces la diferencia?

El trabajo en el nombre acorta los tiempos, en un grupo, solo de escuchar a cada uno decir su nombre puedo descubrir que necesita.

Los casos donde se ve con más claridad el efecto del nombre, es cuando la persona se autodenomina con un mote, sobrenombre o diminutivo.

Daré algunos ejemplos para clarificar: Isabel se hace llamar Bel, insiste en que ese es su nombre. Se la ve una chica muy suave y hay algo que no cuadra, esa no es realmente ella, falta autenticidad.  Tiene rechazo a ISA. Desde lo sonoro, Isa es la parte yan, la S es un sonido consonántico de fuego, enérgico. Al hacerla trabajar este sonido reconoce, que cuando saca la energía, es agresiva. Vemos que tiene fuego dentro, energía, pero reprimida, porque la tiene asociada a lo agresivo. A través de su nombre completo aprende a integrar y aceptar esa parte suya. Con la ayuda de otros ejercicios donde aparecen muchos sonidos de fuego aprende a conectar con un hablar enérgico, entusiasta, con dirección y proyección, todo lo que le faltaba a su voz y su actitud interna. Otra Isabel, se hace llamar Isa, en ésta observamos el caso contrario. A través de los sonidos /b/y /l/, se concilia con su parte yin, envolvente y calma. Cada sonido es una energía y el nombre constituye la suma de energías que debemos integrar. A veces estamos en sintonía con él, otras muy alejados. Aunque digamos el nombre completo, un oído entrenado como el mío (y pronto el de todos los participantes) puede percibir, también en una Isabel que se nombra Isabel, cual energía tiene integrada y cual no.

Nuestro nombre siempre es correcto, siempre nos sienta bien, siempre nos fortalece. En los talleres comprobamos como nos fortalece la voz. Sabiendo que la voz está a su vez conectada con todo nuestro ser, con nuestras emociones, cuerpo y mente, es evidente que nos fortalece en nuestro conjunto.

El ejemplo anterior se refería al trabajo en la expresividad y emociones. Cuando trabajo se refiere a la salud o autenticidad de la voz, también el nombre es clave para sugerir un plan de trabajo individualizado, rápido y efectivo.

Claustre, siempre había sido llamada Tate y llegó al primer taller con una voz completamente rota y un grave diagnóstico de nódulos en las cuerdas vocales, como muchos otros participantes. Siempre digo, que a pesar de los nódulos las voces pueden sonar bien. Claustre, al decir su nombre, con toda la conciencia sonora que se le indicó, recuperó por un instante su voz, oyó su voz limpia y cristalina, ante la mirada atónita del resto de participantes y una inmensa conmoción interior. Un trabajo intenso los siguientes meses, trabajando con ejercicios que contenían los sonidos de su nombre, fue sanando su voz. Los sonidos de su nombre nos indicaban la ruta de viaje: Algo dentro, trabado, que sentimos en el sonido /k/, quiere ser liberado, necesita salir y fluir. La /l/, como un manantial que se hace hueco en la piedra, traspasa el impedimento. Luego la voz se abre sin miedo al mundo con la A, sigue su camino hacia la infinita /u/, sintiendo con la /s/ un calor interior muy despierto, para plantarse con valor y decisión en Tre. Un nombre que decirlo es un acto de valor y superación de obstáculos.

Todos los nombres nos muestran una ruta de viaje, nos ayudan a colocar correctamente la voz, a darle la expresividad que necesita, a darnos seguridad, consistencia. El trabajo con los sonidos del nombre es apasionante y reconfortante, aunque también movilizador, siempre cae alguna lágrima que merece la pena… Atrévete y experimenta.

Empieza desde ya, nombrando a tus familiares y amigos por su nombre completo y pidiendo lo mismo para ti.

Puedes aprender más sobre este tema tan fascinante en el libro La fuerza curativa de la voz y la palabra  y el curso Encuentro con mi voz.