Conexión hemisférica (lateralización): integrando lo racional y lo intuitivo

A través del movimiento integramos nuestros hemisferios y, con ello, nuestras capacidades racionales con las intuitivas y creativas, las capacidades analíticas con las sintéticas. En este artículo te muestro cómo hacerlo desde las leyes del movimiento, que ayudan a madurar nuestro cerebro y con ello facultades cognitivas y emocionales.

La línea media vertical

Cuando el niño nace, sus dos hemisferios cerebrales, situados en el córtex, están divididos por el cuerpo calloso. Y en todo el cuerpo se extiende una línea divisoria imaginaria, llamada Línea media vertical. Esta es de gran utilidad en los primeros años de vida, ya que esta separación y, por ende, tendencia ambidiestra, garantiza la estimulación y maduración de ambos hemisferios de manera pareja. Cada vez que movemos la manos derecha, estimulamos conexiones en el hemisferio cerebral izquierdo. Cada vez que movemos la mano izquierda, estimulamos el hemisferio derecho. Teniendo en cuenta que el hemisferio izquierdo es la sede de nuestras capacidades racionales, analíticas, lingüísticas y matemáticas y que el hemisferio derecho lo es de nuestras capacidades creativas, intuitivas,  sintéticas y musicales, estimular e integrar ambos hemisferios se convierte en una labor que tiene impacto en todos los aspectos de la vida.

Hoy día sufrimos una híper-estimulación de las facultades racionales y analíticas, tanto por el tipo de actividades que realizamos con los niños como por el hecho de que la falta de movimiento está haciendo “discapacitados” del lado izquierdo del cuerpo y, por tanto, “discapacitados” de los aspectos creativos e intuitivos del hemisferio derecho.

La naturaleza ideó esta línea media vertical, especie de muro que impide la prematura dominancia hacia una mano y que incita a movimientos simétricos o ambidiestros.  A su vez, la cultura popular desde siempre estuvo repleta de juegos donde se estimula de manera pareja ambas partes del cuerpo. Saltar a la comba, juegos de palmas, bailes populares, columpiarse, tirarse del tobogán, el subi-baja, todos son juegos que activan de manera pareja el cuerpo. También encontramos juegos de palmas y bailes donde las manos se alternan, primero una y luego otra, produciendo movimientos homolaterales de ambos lados. ¡Y qué diferente es mover solo el índice de la mano derecha para mover un ratón o una pantalla táctil! Por “estimulante” que resulte el juego virtual, no lo es nada, comparado a la verdadera estimulación y maduración cerebral que significa cualquier juego libre en el espacio o cualquier juego tradicional infantil.

Se llama lateralidad a la capacidad de ambos hemisferios de trabajar simultáneamente, cada uno en sus tareas específicas. Esta capacidad surge en torno a los cinco años y la observamos porque el niño es capaz de cruzar la línea media y también de realizar movimientos simultáneos y diferentes con cada mano (como cuando tocamos el piano). Sin embargo hoy día, con el déficit motriz, muchos niños no lo consiguen hasta los nueve años. Y si no reciben estímulo adecuado es posible que persista esta inmadurez neural.

En el movimiento observamos cómo está organizado el cerebro: Movimientos ambidiestros, dificultad para cruzar la línea media y una dominancia no definida (preferencia por un lado del cuerpo) muestran que los hemisferios aún están separados. Muestran que no existen aún suficientes conexiones neurológicas entre hemisferios, la línea media sigue presente y la lateralidad no está madura. Esto es completamente normal en niños menores de seis años, sin embargo representa un verdadero problema a la hora de realizar tareas académicas como leer y escribir. De ahí que no deberíamos empezar con dichas actividades antes de tener estos aspectos neurológicos maduros o al menos comprender la gran dificultad que muchos niños presentan y ayudarlos a través de juegos de movimiento.

¿Cómo disolver la línea media y conectar los hemisferios?

Por un lado tenemos los movimientos correspondientes al primer año de vida. Reptar y gatear con movimientos cruzados de manos y pies, facilitan la integración, tanto de la derecha e izquierda como del arriba y abajo en el cuerpo y en el cerebro. Más adelante podemos estimular estas áreas a través de múltiples juegos de animales y también a través del movimiento alterno de brazos al cruzar el pasa manos o al trepar.

Otros movimientos fundamentales son los simétricos, es decir, movimientos donde ambas partes del cuerpo se mueven simultáneamente de manera idéntica. Tenemos que crear un puente entre ambos hemisferios, un puente que cruce el cuerpo calloso. Para construir un puente necesitamos hacer primero buenos pilares, uno a cada orilla. Imaginemos que cada vez que el niño realiza movimientos simétricos, está trabajando en los pilares. Después de años de trabajo en estos movimientos, los movimientos cruzados aparecen en un instante, el instante en el que ambos lados del puente se unieron.

Los movimientos simétricos, además de ser los más sencillos y disfrutados por los niños, son los que más ayudan a integrar sus hemisferios. Lo fácil, lo natural, lo que surge desde el juego espontáneo es lo más sano. Estos movimientos permiten ser imitados, y recordemos, que antes de los seis años, no deberíamos enseñar nada, simplemente los niños deberían aprender a través de la imitación. Los movimientos cruzados surgen desde dentro cuando el cerebro está preparado para ello. Si enseñamos un movimiento cruzado, estamos enseñando una habilidad específica y no una habilidad madre, que ayude a organizar el cerebro para otras muchas actividades.

Si al movimiento añadimos palabra, más que mejor. El centro cognitivo del lenguaje está en el hemisferio izquierdo. Desde esta sede surge la capacidad de comprensión y expresión lógica. Sin embargo, es desde el hemisferio derecho que percibimos la musicalidad del lenguaje, su contenido emotivo que muchas veces cambia el contenido conceptual. En realidad, ambos hemisferios están activos al hablar, sobre todo en el hablar rítmico y melódico que supone las rimas infantiles. Rudolf Steiner describe como las consonantes en la infancia ayudan a modelar y estructurar los centros del lenguaje y del pensar del hemisferio izquierdo y como las vocales, con su emotividad y musicalidad, actúan principalmente en el hemisferio derecho. La sílaba, compuesta por consonantes y vocales, representa en sí misma una integración hemisférica.

Hoy día hay cantidad de niños mayores de seis años que presentan una dominancia mixta o no definida. Es decir, escriben con la mano derecha, pero atienden el teléfono con el oído izquierdo, miran el catalejo con el ojo izquierdo y chutan la pelota, según de qué lado venga. Esta falta de claridad y preferencia de un lado del cuerpo, produce un cáos en la organización mental y por supuesto en las nociones de derecha-izquierda y arriba-abajo, tan importantes para la escritura.

Tener el cuerpo bien organizado es un requisito indiscutible para el buen aprendizaje. Sin embargo, y recordando que las funciones corporales y hemisféricas están vinculadas a capacidades tan básicas como la racionalidad y la creatividad, vemos que su alcance llega a todas las áreas de la vida. Ser capaces de mover simultáneamente ambas manos, haciendo por ejemplo con una un 8 y con otra una I, denota nuestra capacidad de trabajar simultáneamente con ambos hemisferios. Denota y la vez estimula, la capacidad de ver los detalles de una situación, sin perder de vista el conjunto; la capacidad de en un diálogo interpretar correctamente los mensajes conceptuales y los emotivos; la capacidad de ser racionales y a la vez creativos e intuitivos…

Estos son los pasos:

Si un niño es aún incapaz de hacer movimientos cruzados o movimientos simultáneos y diferentes con ambas partes del cuerpo, es señal de que sus hemisferios aún no están integrados.

Favorecemos la lateralidad (integración de los hemisferios) y la consiguiente correcta dominancia (preferencia por un lado del cuerpo) a través de:

  • Movimientos homolaterales alternos con todo el cuerpo (aún no movimientos cruzados de palmas):
    • Reptar y gatear
    • Trepar y  pasamanos
  • Movimientos simétricos:
    • Saltar a la comba
    • Columpiarse
    • Juego de dedos y palmas simétricos
  • Movimientos homolaterales:
    • Ejemplo: Primera parte de la rima El chaparrón, dónde primero se mueves sobre todo una mano, luego la otra. El Pollito también es un buen ejemplo de movimientos homolaterales.
  • Una vez producido el cruce y disolución de la línea media, serán muy beneficiosos los movimientos cruzados
    • Juegos de movimientos, de palmas y dedos, con cruce.
    • También en este punto los niños son capaces de hacer secuencias rápidas alternando el uso de las manos, como es el caso de la segunda parte de la rima del chaparrón.
  • Moverse y a la vez hablar, incrementa inmensamente los beneficios, ya que los movimientos se automatizan. Recién cuando están automatizados, podemos hablar de habilidades motrices al servicio del pensamiento, el aprendizaje, la comunicación.

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Tamara Chubarovsky, www.tamarachubarovsky.com

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Por | 2018-11-14T20:00:52+00:00 noviembre 13th, 2015|Desarrollo Sensomotor|4 Comentarios

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  2. […] Integrando lo racional y lo intuitivo […]

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