En la escuela infantil del CP San Miguel de Plasencia no se enseña a leer porque saben que hay cosas mucho más importantes para hacer en esta etapa. Es un verdadero modelo de convivencia social e intercultural en un barrio obrero de la ciudad. Las maestras, verdaderos ejemplos a seguir, con su entusiasmo su calma y su coraje, me demostraron que es posible hacer las cosas de otra manera en la escuela pública. Son la prueba de que teniendo las ideas claras, y sobre todo, siendo un grupo como ellas lo son, el cambio es posible…

El lunes 21 de diciembre (2015) pasé a visitarlas. Hace tiempo estaba invitada, ya que todas las maestras de infantil habían venido a mis talleres del Centro de Profesores y cada vez que nos veíamos me contaban de las grandes innovaciones que habían hecho. Grande fue mi sorpresa al llegar y ver tres aulas con la puerta abierta, unidas por un hall central. En una sala estaba el juego simbólico (cocinita, muñecas, construcciones etc.), en la otra el juego estructurado (puzzles etc.) en la otra la zona artística y de experimentación. Aquí confluían armónicamente las ceras Waldorf Stockmark con las manley, las témperas con las acuerelas. En cada aula había una maestra. Los niños podían circular libremente por los espacios durante la mañana. En total había más de 50 niños de edades variadas, de diferentes estratos sociales, incluyendo gran población  marroquí y gitana. Se respiraba un ambiente de juego, armonía y paz. Los niños jugaban y reían, combinando libertad y orden. A las 11.30, después de recoger, nos reunimos en un aula a celebrar el cumpleaños de un niño. En días normales, desayunan sentados repartidos en tres mesas. Luego salieron al patio, qué lejos de la imagen de patio encementado y gris habitual en las escuelas públicas, más parecía un jardín de una escuela Waldorf, con tierra, árboles, cantidad de neumáticos y otros juegos. Allí estuvieron casi una hora, porque lo consideran parte fundamental y no simple recreo. Luego entramos, les conté un cuento a todos juntos, que escucharon atentos y luego activamente participaron de las rimas y juegos de dedos, que ya todas conocían muy bien. Luego fui a otro pabellón donde conté el cuento e hice rimas un grupo de 3 años y con una clase de primero de primaria. Esta clase representa en cierto modo la continuación del impulso de infantil, gracias a su maestro. Empiezan la clase con una larga serie de rimas y juegos de movimiento, para luego trabajar por rincones implementando el método Amara Berri, bastante extendido en el país Vasco y que tímidamente se por otras regiones, como en este caso, Extremadura.

Pero esto no fue todo… Luego me invitaron al ensayo general de la actuación navideña. Al revés de lo habitual, los maestros, después de las 2 de la tarde, preparaban una sorpresa para regalar a los niños de infantil, que tenían su celebración separada de la de primaria. ¡Las maestras de infantil, los de inglés, educación física, religión, el jefe de estudios y hasta el director, habían preparado una actuación en base a mis rimas! Eligieron unas diez. Primero harían la rima con juego de dedos con los niños (ya todos se las sabían),  y luego, mientras un maestro las recitaba, los demás las dramatizaban. Así es que ví a Pic y Puc en persona, a los enanitos Rompompom, a la vaca Lola, al toro Manolo y tantos otros personajes queridos por los niños. ¡Me reí, disfruté y sobre todo me admiré de tan entregado e ingenioso grupo de maestros! (Espero que me pasen alguna foto para compartirles). Y finalmente en esa visita también me encontré con Antonio Rubio, maravilloso escritor de cuentos infantiles, que ha sido maestro en esta ejemplar escuela los últimos años de su carrera docente. Escuela vemos, rodeada de maravillosa gente.

¡Espero que este pequeño retrato les llene de ilusión y esperanza, para empezar el 2016 llenos de energía y vientos de renovación!

Tamara Chubarovsky, 5 de enero de 2016

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