Cada vez que escucho que un niño fue castigado un día, una semana, incluso un mes sin recreo, me saltan todas las alarmas. Es algo que no debería estar permitido ni contemplado como posibilidad. 

Retirar el recreo es la peor de las medidas que puedes tomar. Tiene un efecto contraproducente, porque justamente una pausa con buena oxigenación, movimiento e interacción social es la medida por excelencia para mejorar el comportamiento y el rendimiento escolar. 

Cuando se castiga a un niño sin recreo (o en casa sin la posibilidad de salir un rato a airearse) es porque consideramos que el niño, “se portó mal”. Porque no respetó las normas o exigencias impuestas.

Por ejemplo:

  • Estuvo inquieto
  • Se levantó cuando no correspondía
  • Habló cuando no correspondía
  • No realizó los deberes/tareas de casa
  • Es muy lento y no terminó la tarea impuesta.
  • Estuvo disperso y no terminó la tarea impuesta
  • Pegó a un compañero
  • Contestó mal, faltó el respeto a la maestra/familia.

 

Supongo que si los castigamos es porque consideramos que esa medida puede ser correctiva, que podría hacer reflexionar al niño y cambiar su actitud.

La mala noticia es que un castigo como retirar el recreo, lejos de mejorar la situación, lo más probable es que la empeore. 

Sobre todo porque no es que el niño se porte mal adrede. Generalmente no es que sea dueño de esos actos (acciones guiadas por el córtex), sino que sean acciones impulsivas (acciones guiadas por el encéfalo).

O que sean el resultado de muchos factores, como la inquietud, dispersión o lentitud, que tampoco cambian con escarmiento. 

No basta con querer estar sentado, quieto y callado, para ser capaz de hacerlo. 

Causas habituales del mal comportamiento:

La pregunta que hacernos como educadores debería ser ¿Cuál podría ser la causa de este mal comportamiento? ¿Qué medida puedo tomar para ayudar a Juan a ser capaz de estar más centrado, más quieto, más calmo, más asertivo en su comunicación e interacción social, más ágil en la realización de tareas?.

Veamos primero algunas causas muy habituales.

  • Emociones negativas como estrés, desmotivación o frustración por no ser capaz de rendir como se exige, por sentirse sobreexigido.
  • Emociones negativas como aburrimiento, agobio y frustración por sentirse encerrado, por no poder jugar, ni interactuar con los otros, en definitiva por no poder experimentar en la escuela emociones positivas. 
  • Emociones negativas como no sentirse aceptado, sentirse amenazado/herido, inseguro.
  • Aspectos físicos como no ser capaz de controlar el propio cuerpo (inquietud) por inmadurez vestibular,  presencia de reflejos primitivos y/o por exceso de consumo tecnológico. 
  • Aspectos sensoriales como no ser capaz de concentrarse y atender por inmadurez vestibular y/o por exceso de consumo tecnológico. 
  • Falta de respeto como respuesta automática a experimentar qué le faltan el respeto (en casa, en la escuela). Reproduce lo que ha aprendido por imitación.

 

En cualquier caso retirar el recreo es la peor de las medidas. Porque una pausa con buena oxigenación, movimiento e interacción social es lo nos ayuda a reequilibrarnos. A los niños y también a nosotros, los adultos. 

 

La importancia de los recreos según Roberto Rosler

Te pongo un aporte sobre lo que dice Roberto Rosler, neurólogo argentino,  sobre la importancia de los recreos:

Consideremos cómo aprende el cerebro desde un punto de vista fisiológico: aproximadamente el 90% de nuestro oxígeno corporal y cerebral está “estancado” a menos que realicemos una inspiración profunda o nos pongamos en movimiento. Una disminución del oxígeno puede generar problemas de concentración y memoria. 

El espacio de recreo en los patios, así como realizar pequeños “recreos cerebrales” a través de actividades de movimiento en la clase es fundamental para:

  • Darle al hipocampo (la “puerta de entrada” a la memoria) tiempo para procesar la información.
  • Disminuir la sensación de estar agobiado por los contenidos de la clase.
  •  Proveer oportunidades a la risa y la diversión, que facilitan el aprendizaje.
  •  Re-focalizar al sistema nervioso y que rinda mejor.
  • Re-energizar al cuerpo y al cerebro.
  • Mejorar la salud física y el bienestar emocional de los alumnos.
  •  Reducir el estrés y aprender en forma más eficaz.
  • Incrementar la circulación sanguínea.

Estar sentado por largos periodos hace que la sangre se acumule en los miembros inferiores, lo que implica un menor flujo sanguíneo cerebral. Esto genera un estado de aprendizaje no deseable. 

En cambio “pausas cerebrales” a través del recreo en el patio y pequeños recreos de movimiento durante las clases, aportan oxígeno fresco al cerebro generando un estado de aprendizaje más efectivo.

En definitiva, tanto en casa como en la escuela, si los niños rinden poco, si tardan demasiado en hacer las tareas y por eso se quedan sin su hora de parque, de amigos o sin recreo, recuerda que esto los hará entrar en un bucle, en un callejón sin salida. 

 

Alternativas a quitar el recreo como castigo

Hoy día en todo caso habría que “castigar” sin  acceso a las tecnologías y en cambio fomentar al máximo qué los niños se muevan y conecten con su entorno real. 

Como maestra, a un niño más lento, que no trae su tarea hecha, en vez de castigarlo con más tareas (lo que le llevará a no poder salir de casa) te propongo mandarle de tarea salir todos los días al parque, montar en bici o patinar. Eso sí le ayudará a mejorar su rendimiento y comportamiento.

A un niño maleducado, que pega y muestra rasgos agresivos, en vez de reforzarle esos aspectos negativos recordándole lo malo que es, te propongo reforzarle lo positivo, por pequeño que sea y rodearlo de un buen ejemplo de comunicación no violenta e inteligencia emocional. 

Sé tu lo que esperas de los niños.

 

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