Les comparto este artículo de la reconocida logopeda alemana Renate Zimmer. Trata de la importancia de enfocar la logopedia en una dirección más holística e integrada en las actividades cotidianas. 

En la actualidad, la estimulación del lenguaje ocupa un lugar central en el debate político-formativo. Desde hace algunos años puede observarse una preocupante tendencia hacia el estímulo aislado de las competencias lingüísticas, que de modo fatal recuerda el currículum de orientación funcional de los años 1960-1970.

También en aquel entonces hubo “programas de entrenamiento lingüístico” (Schüttler-Janikulla 1971), que en el contexto de un currículum orientado al modo de vida y a la situación, ya por aquel entonces eran fuertemente criticadas. Esa concentración unilateral hacia la práctica aislada de capacidades lingüísticas, constituye nuevamente una amenaza. Actualmente en el mercado se observa un cúmulo de tendencias que tratan la estimulación del lenguaje con excesiva orientación funcional y aparatología.

Sin embargo, lo óptimo sería poder estimular el lenguaje a través de las actividades diarias en el ámbito de la escuela infantil. Únicamente así, se estarán tomando en cuenta los intereses y las necesidades de los niños (que en realidad tienen un interés menor en el habla en sí y que más bien lo utilizan como medio).

¿Qué significado tiene el movimiento en este sentido?

El interés de los niños en el movimiento, su necesidad de experiencia sensorial y en el quehacer inmediato, son condiciones previas óptimas y posibilidades para el apoyo de los procesos de aprendizaje lingüístico. Dado que el movimiento a su vez se encuentra ligado a la percepción, posibilita incentivos diferenciados para la adquisición y la ampliación de las competencias lingüísticas.

Primero el niño se comunica mediante su cuerpo, luego mediante la palabra

Ya el lactante toma contacto con el mundo mediante gestos y mímica. A través de movimientos de brazos y piernas expresa bienestar o señala rechazo, al apartarse físicamente de alguien.

Con el tiempo, la comunicación verbal asume la función de establecer comunicación e intercambio, siendo, que hasta en la edad adulta, las señales no-verbales siguen siendo medios importantes de comunicación.

Además, el niño utiliza el lenguaje para realizar un propósito, quiere “que las palabras hagan que sucedan cosas”.

Sin embargo antes, a través de su cuerpo hace que pasen cosas: la pelota puesta en movimiento mediante el movimiento del pie, le transmite la sensación de la auto-efectividad, se siente autor de un resultado. El creciente dominio del cuerpo y del habla, poco a poco le abren el camino hacia la independencia.

Primero se explora mediante la acción, luego se interioriza a través del hablar

Primero las cosas se exploran a través del movimiento y la percepción sensorial, recién después aparece el acompañamiento lingüístico. El niño, por ejemplo, hace rebotar una pelota en el piso y luego dice luego “pelota salta”. Lo dice después y no antes de haber tenido la experiencia. En la acción, en el trato activo con los objetos, descubre al lenguaje como medio útil, como herramienta del actuar.

Con el tiempo las acciones se interiorizan y el niño puede reflejar la acción. Entonces el lenguaje posibilita una antelación de la acción a través del pensamiento: “yo quiero jugar con la pelota” o, una reflexión retrospectiva de la acción “yo metí un gol”, generando una distancia con respecto a la acción.

La adquisición del habla está ligada estrechamente al desarrollo cognitivo, el punto de partida sin embargo para ello es la manipulación práctica, la actividad física. También el lenguaje es un proceso físico-motriz. Las experiencias obtenidas a través de la acción, se convierten en conceptos gracias al lenguaje. Estos conceptos posibilitan al niño a realizar una réplica interior del mundo.

Los términos temporarios tales como “despacio/lento” y “rápido/veloz”, los conceptos referidos al espacio tales como “alto” y “bajo/profundo”, pueden ser experimentados por el niño de modo inmediato a través de los actos realizados mediante el movimiento. De esta manera amplía su vocabulario y adquiere la condición previa para la comprensión de la clasificación lingüística.

A partir de estos elementos podemos entender que tanto el fomento del habla, como la educación motriz, solo pueden ser comprendidos de una manera global. El niño aprende a adueñarse de su cuerpo y lenguaje solo si encuadra ese movimiento y lenguaje en situaciones y acciones llenos de sentido y significado, en las que se entretejan partes verbales y no-verbales de la acción.

Es fundamental tenerlo en cuenta al trabajar el habla y la adquisición lingüística de los niños.

El niño aprende a través del movimiento

El niño se mueve no solamente por el placer que produce la actividad, sino que generalmente está impulsado por su interés cognitivo. Las actividades del movimiento son actos de exploración, en los cuales el niño se crea una imagen de la naturaleza y la condición de las cosas, sometiéndolas al examen dentro de la acción propia.

Puede variar sus actos en busca de soluciones, haciendo del movimiento un medio para un fin. Por lo tanto, los actos motrices se planifican, maniobran y controlan; están ligados a estrategias y soluciones de problemas: ¿el camino elegido conduce a la meta? ¿Qué posibilidades alternativas están a disposición?

El educador puede comentar verbalmente las actividades motrices del niño. De esa manera, la atención del niño se orientará aún más intensivamente hacia el asunto: el lenguaje está al servicio de la toma de conciencia de un asunto, del efecto experimentado con el mismo (“has embocado con la pelota exactamente dentro del aro”). De esta manera, los actos se convierten en tomas de conciencia.

Estos ejemplos no muestran cómo estimular puntualmente determinadas competencias lingüísticas. Propuestas de situaciones que invitan al movimiento, escenificadas conscientemente o derivadas del juego espontáneo, pueden ser sin embargo para los niños, motivación para el hablar, para la ampliación y la diferenciación de su capacidad lingüística. A través de los juegos relacionados con el movimiento pueden provocarse procesos de aprendizaje. Un juego puede posibilitar una gran cantidad de  actividades motrices, así como posibilidades para el fomento del habla –las situaciones se “verbalizan”. Las actividades del juego a su vez son complejas situaciones de aprendizaje lingüístico.

Del mismo modo, las actividades lingüísticas a su vez pueden convertirse en estimuladoras del movimiento. La descripción de una situación puede ser acompañada por gestos y movimientos. 

Estimular el  movimiento significa estimular el lenguaje

El Lenguaje y el movimiento son para los niños, medios esenciales para apropiarse del mundo, para expresarse y comunicarse. El objetivo básico de una estimulación lingüística (en niños)  orientada hacia el movimiento debería consistir en la creación de un medio circundante que incentive y estimule la actividad y la acción, en el cual el niño pueda implementar el cuerpo y el movimiento, el lenguaje y la voz, para comunicarse consigo mismo y con los demás. El medio preferido al respecto es el juego.

El estímulo del lenguaje de este modo ocurre de manera indirecta y se basa, sobre todo, en las múltiples ocasiones que se presentan para el lenguaje, a través del juego compartido: en la construcción, en el debate con respecto a los roles y personajes y reglas, en el trato espontáneo de la propia voz en el juego. El lenguaje se desarrolla sobre todo en el contexto motivador y lúdico, presente en las Rimas y juegos con movimiento.

Debe tratarse de un estímulo global, que no se limite a ámbitos específicos del lenguaje, sino más bien al despertar del deseo del intercambio lingüístico, del aprovechamiento del habla, para poder comunicarse y divertirse. Viendo la importancia  indiscutible que tienen el fomento del lenguaje y del movimiento para el desarrollo del niño, el fomento de éstos debería ser una tarea transversal del trabajo pedagógico en el jardín de infancia.

Mediante la puesta consciente en escena de procesos de aprendizajes del lenguaje orientados hacia el movimiento, se abre la posibilidad de apoyar a los niños en el aula, sin necesidad de someterlos a sesiones de logopedia individuales. De esta manera, se llega a todos los niños, que a causa de su procedencia social y cultural y sus condiciones previas culturales necesitan un apoyo especial, dado que el fomento del habla orientado hacia el juego contiene la posibilidad de tomar en cuenta las competencias de los niños y no sus debilidades.

Tratamiento holístico

Cuanto más pequeños son los niños, tanto más necesitan actividades y diálogos (o textos de Rimas), en los que la lengua hablada se vincule en menor medida a la  expresión racional y, en cambio, experimente  percepciones sensoriales y movimiento.

El estímulo del habla orientado hacia el movimiento debería crear un entorno que fomente la actividad y la acción, en el cual el niño pueda implementar de igual manera el cuerpo, el movimiento y el lenguaje. 

Autora: Renate Zimmer (2008)

Traducción del alemán: Tamara Chubarovsky.

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