¿Te imaginas un mundo sin música?

Al terminar una clase de música en la escuela con alumnos entre 4 y 6 de primaria y después de haber estado cantando y tocando instrumentos, les pedí que respondieran la siguiente pregunta: ¿Te imaginas un mundo sin música? ¿Por qué? 

Estas fueron algunas de sus respuestas: 

  • “Sí, pero aburrido y cansado”. 
  • “Me imagino un mundo sin música, sería muy aburrido y triste”. 
  • “¡No!, porque entonces no se podría hablar, porque hablar es una forma de música”. 
  • “No puedo imaginar el mundo sin música, porque casi todas las cosas tienen música, como los árboles, las plantas, las montañas y los mares”. 
  • “No, por muchas razones, porque me encanta la música y porque siempre cantamos y tocamos instrumentos en la escuela y porque si no hubiera música gritaríamos en vez de cantar”. 
  • “No, yo no me puedo imaginar un mundo sin música, no sé por qué”

La música como alimento

La música es una realidad humana esencial para nuestro desarrollo y un verdadero alimento a lo largo de toda nuestra vida. 

Así como la comida es un alimento esencial para nuestro cuerpo físico, de la misma forma la música es un alimento esencial para nuestro desarrollo emocional y capacidad de sentir, para el desarrollo de nuestras capacidades sociales, para nuestra motricidad fina y gruesa, para nuestro desarrollo neuronal y cognitivo y un largo etcétera. 

La música además constituye un importante ámbito de influencia terapéutica considerando al Sonido de la mano del Timbre como protagonistas de la denominada Musicoterapia y que se aplica y se estudia en diversos Centros de Educación Superior en muchos países del mundo.

Pero el abanico musical es tan diverso es tan extenso… ¿Qué escuchar? ¿Qué practicar? ¿Qué cantar?

Todas estas preguntas adquieren una importancia mayor si nos imaginamos las experiencias musicales unidas a los procesos de enseñanza-aprendizaje en los Jardines de Infancia, en las Escuelas, los Institutos, etc. ¿Por dónde empezar?… Aunque son algo complejas estas respuestas, intentaré aclarar ciertos principios fundamentales.

La música depende del momento

Toda expresión musical nace de la realidad espiritual y cultural del ser humano en un momento y contexto histórico determinados.

La conciencia humana predominante en el Renacimiento, por ejemplo, era muy diferente a la conciencia humana actual. Y estas diferencias anímicas y cognitivas de conciencia que se expresan a través de la música, podemos observarlas y “escucharlas” si comparamos nuestra música con la música de hace 500 años. 

La música camina a través de la Historia de la misma forma en que lo hacemos cada uno de nosotros. 

De la misma forma en que lo hace cada niño a partir del momento en que nace, cuando empieza a balbucear sus primeros sonidos desde la cuna. Él también está comenzando a vivir en este hilo temporal evolutivo a través de su propia biografía. 

¿Cuándo habrán surgido para la humanidad los primeros balbuceos humanos sobre la tierra? ¿Cuándo habrá comenzado a latir la música entre nosotros?

 Lo más probable es que para estas preguntas no tengamos respuestas, pero sí podemos establecer una cierta línea de tiempo humana y musical. 

Si estamos de acuerdo en que la música también es un alimento, entonces deberíamos preguntarnos cuáles son los primeros alimentos musicales más adecuados para un bebé y para un niño y llegaríamos a darnos cuenta que así como no le daríamos un filete o un ceviche (por muy buenos que estén) a un bebé o a un niño pequeño; pues entonces y de la misma forma, veríamos la necesidad de darle u ofrecerle musicalmente, a este bebé o niño/a que vive desde hace muy poco tiempo en la tierra, un alimento musical que su alma sea capaz de recibir y digerir y que esté acorde con su edad física, emocional y cognitiva.

Reconocer esta realidad puede marcar una gran diferencia en el desarrollo de un ser humano, que se verá reflejada sobre todo en una edad adulta.

Las escalas musicales

El lugar musical que contiene las semillas para sembrar y plantar este alimento anímico y espiritual en el alma humana y que brotará y crecerá a través de una canción o composiciones más elaboradas, es lo que denominamos una Escala y hay muchas: Pentatónica, Hexáfona, Modos Griegos, Escalas Modales, Diatónica, Dodecafónica, Escalas de Blus, Seriales, Atonales, etc. 

Cada una de ellas contiene muchos secretos que los músicos y compositores profesionales conocen muy bien. Pero algo que podemos comprender fácilmente y podemos intentar reconocer en nosotros mismos a través de cualquier práctica musical, es lo que se denomina la Tensión y el Reposo.

Estructura de la escala pentatónica

La Escala Pentatónica (escala de cinco sonidos diferentes) es una de las más antiguas en la historia de la humanidad y actualmente sigue presente en la música de Asia y pueblos andinos y altiplánicos de América del Sur. 

Tiene en su estructura un equilibrio muy especial entre la tensión y el reposo de sus sonidos (ausencia de notas llamadas semitonos y que son las que más tensión provocan), por eso es la más adecuada para componer melodías que puedan transformarse en un verdadero alimento musical para los más pequeños. 

“El arqueólogo Wulf Hein nos dice acerca del descubrimiento de una cueva prehistórica: En 1992 fui parte del equipo de excavación. Aquí vivieron personas hace 30.000 o 40.000 años atrás. Uno de los hallazgos más importantes que hicimos en la cueva fue una flauta muy pequeña hecha con el radio de un buitre. Lo más sorprendente de esta flauta es que es pentatónica y está en la misma tonalidad que estamos acostumbrados a oír hoy en día.”

“La Cueva de los Sueños Olvidados”. History Films. Werner Herzog. Cerca del río Ardéche, en el sur de Francia. Canal Digital Youtube.      

De la misma forma como un bebé comienza desde lo más simple, viviendo su día a día sin grandes tensiones anímicas y sin mayores complejidades; de esta misma forma lo ha hecho la música a través del tiempo. Observar a este pequeño como si fuera la humanidad que nace, pequeña, sencilla, simple… nos puede dar las pautas para encontrar las respuestas.

“En torno a los años 50 del s. XX surgió de un grupo de pedagogos y músico- terapeutas Waldorf un fuerte impulso inspirado en las indicaciones dadas por Rudolf Steiner en lo relativo a la experiencia musical. Este impulso consistía en desarrollar un tipo de música verdaderamente infantil. Música que al oírla y usarla el niño pequeño se sintiera “como en su propia casa”. 

Este impulso musical que ellos comenzaron a elaborar, quiere corresponder al principio de unidad del niño pequeño con el mundo que le rodea. Aún no está presente la dualidad “Yo – el Mundo”. 

Por lo tanto, este ambiente musical que se propone se nos muestra objetivo, sin emotividad, inocente, sin movimiento anímico y con el gesto cósmico de no tener principio ni fin, de girar en torno a un sólo centro… Esta manera de entender la música debería estar presente, como ya dije, hasta los 8-9 años”  

“Canciones Infantiles en Ambiente de Quinta”, Inés Gámez de Rus, Madrid, España, 2008. Introducción.

Las 5 notas de la escala pentatónica

Al intentar compartir actividades musicales pentatónicas con los más pequeños (también se suele utilizar el término “En Ambiente de Quinta”) se trabaja con una escala pentatónica que comienza en la nota “Re” y sube de la siguiente manera: “Mi”, “Sol”, “La”, “Si”, “Re”, “Mi”. 

Si nos fijamos bien, estas son notas que la mayoría de las personas podemos entonar y cantar sin mayores problemas, aunque pudiera ser que costará un poco llegar al “Re” y “Mi” finales (segunda octava) y en ese caso es recomendable utilizar el falsete. 

Tenemos cinco notas diferentes (aunque la escala tenga siete), ya que se repiten las dos primeras al final y por eso hablamos de una escala pentatónica. 

Una tercera característica es que al cantar o tocar a partir de esta escala se crea una especie de reposo en torno a la nota “La”, aunque no sea la primera nota de la escala y como esta conformación de sonidos carece de la nota “Fa” (que estaría en el teclado de un piano entre el “Mi” y el “Sol”) y de la nota “Do” (que estaría entre las notas “Si” y “Re” agudas) no se establecen tensiones tan evidentes para el sentir. Por lo tanto las notas de reposo o también llamada “Fundamental” según como esté hecha la canción o melodía, pueden ser más de una. 

Al interpretar este tipo de melodías tampoco hablamos de compases o cifras indicadoras ya que lo más importante no es el elemento rítmico, sino la afinación y el elemento melódico y esto es precisamente porque los niños antes de los nueve años no tienen desarrollada anatómicamente la capacidad corporal para llevar un ritmo de manera tan precisa.

Instrumentos pentatónicos 

Los instrumentos que mejor acompañan esta etapa en el desarrollo musical de los niños/as hasta los 8 o 9 años son las liras, arpas y cánteles pentatónicos, las flautas dulces pentatónicas y, por supuesto, el propio canto, siempre al unísono a partir del timbre infantil, denominado voz blanca. 

Al cantar con niños o niñas de estas edades siempre es recomendable acompañar las canciones con gestos muy sencillos, pero muy claros de nuestros brazos y cuerpo en general. Como si el movimiento, la melodía y la letra fueran todo uno. 

En la pedagogía Waldorf se dice que el niño vive en esta Unidad hasta aproximadamente los 9 años.

Así suena una lira pentatónica

Autor: Andrés Soberón
Licenciado en Educación
Maestro Waldorf, Especialista en Música

Otro artículo sobre música pentatónica