Saber leer y escribir es uno de los grandes pilares que permite a los niños aprender, en su etapa escolar y el resto de su vida. 

Muchos problemas de fracaso escolar tienen que ver con dificultades en la lectoescritura. De hecho, es tan importante, que tal vez pienses que cuanto antes empiecen con su proceso de alfabetización, mejor para ellos. 

Pero resulta que la lectoescritura es un proceso muy complejo que necesita de otras muchas habilidades previas para que funcione. 

Aquí el “cuanto antes mejor” no es la mejor elección. 

¿Le darías a tu bebé de 3 meses un filete de pollo? ¿Y una avellana?

No, ¿verdad?

Y no porque consideres que sean malos alimentos, sino porque sabes que tu bebé aún no tiene dientes para masticarlos y que su sistema digestivo aún no está maduro para digerirlos. 

No se te ocurriría pensar que si empieza antes a intentar masticar, será mejor. 

En este caso resulta evidente que hay un tiempo para cada cosa. Y que es necesario que primero le salgan los dientes y que tenga cierta madurez del sistema digestivo.

Pues lo mismo ocurre con la lectoescritura. 

Hay procesos fisiológicos y neuronales que completan su desarrollo en torno a los 6 años… por lo que empezando antes, no adelantas nada. 

Al contrario, entorpeces, porque quitas tiempo a lo que es importante a esta edad. 

Para qué las redes neuronales maduren y todo el cerebro esté óptimo para el aprendizaje no hace falta hacer ningún tipo de trabajo mental.

Es el movimiento, las experiencias sensoriales reales, el despliegue del lenguaje y la interacción con el medio social lo que se ocupará de esta puesta a punto.

Además, el cerebro necesita que todo esto ocurra en un ambiente distendido, relajado y agradable. Porque si se aburre o si se estresa por exceso de presión, tensión y exigencias, se bloquea el aprendizaje.

Entonces… ¿Qué es lo que de verdad prepara a los menores de 6 años para aprender a leer y escribir? 

El juego.

Sostener la atención en el juego y en la interacción con los demás es la antesala de la atención en clase. En el juego están todos los ingredientes: movimiento, experiencias sensoriales reales, interacción social, ambiente relajado y agradable. 

Y también están esos ingredientes en otras actividades propias de la infancia: escuchar cuentos, cantar, hacer corros infantiles, las Rimas con movimiento. 

Por esto, antes de los 6 años es más importante jugar y cantar que aprender a escribir y a contar.

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