Movimientos en el primer año de vida

Los niños, desde su nacimiento hasta su madurez, pasan por diversas etapas evolutivas.

Del correcto desarrollo de las primeras etapas dependen las siguientes. 

De las habilidades físicas surgen las habilidades cognitivas como la atención, concentración y memoria. Y también habilidades socioafectivas como serenidad, autoestima, capacidades comunicativas, respeto y empatía.

Los movimientos típicos del primer año de vida llevan al niño a andar y a mover las manos. Andar y mover las manos les lleva a desarrollar el lenguaje.  Y el lenguaje les lleva a desarrollar la capacidad de pensar. 

Si los bebés no tienen la suficiente posibilidad de movimiento en los primeros meses, aunque aprendan a andar, puede que más adelante presenten problemas relacionados con la falta de movimiento en esta fase. Típicos son los problemas derivados de reflejos primitivos retenidos, deficiente desarrollo vestibular (equilibrio) y de planificación motora.

Los reflejos primitivos

¿Qué son los reflejos primitivos?

Los reflejos primitivos son una serie de movimientos automáticos, involuntarios,  que hacen los bebés ante diversos estímulos sensoriales y que tienen una función vital durante el parto y el primer año de vida. 

Pero cuando persisten más allá de ese tiempo, impiden un buen desarrollo motriz, emocional y cognitivo. 

Es fundamental que los niños estén libres de reflejos primitivos antes de los seis años, para que su presencia no interfiera en el aprendizaje. 

Los movimientos reflejos deben desaparecer para dar lugar a los movimientos libres y autónomos de cada músculo. Es indispensable para tener una buena postura sentados y una correcta prensión del lápiz, que les permite escribir y leer sin sobre-esfuerzo. 

Un ejemplo de reflejo

Un ejemplo es el reflejo tónico asimétrico del cuello. Cuando está presente entorpece la escritura, ya que obliga al niño a adoptar posturas extrañas para contrarrestar la necesidad de mantener estirado el brazo hacia donde miran sus ojos. 

En vez de regañar injustamente a estos niños por estar mal sentados, deberíamos ayudarlos a superar ese reflejo. 

Además, los niños con reflejos presentes suelen tener dificultades de atención y concentración.

Si un niño tiene el reflejo tónico asimétrico del cuello tiene toda su energía puesta en que no se le estire el brazo. Y eso les produce agotamiento y merma por completo su capacidad de atención.

Es similar a la experiencia de aprender a conducir. Cuando aún tienes  automatizados los movimientos del embrague y las marchas conduces tenso. Eres  incapaz de conducir y, a la vez, leer carteles o hablar relajado. 

No podemos atender a dos cosas a la vez, por eso las habilidades motrices deben pasar a un nivel subconsciente. Así la atención consciente queda libre y disponible para los procesos de aprendizaje. 

Recién cuando los movimientos son autónomos, es que el cuerpo se pone al servicio del individuo y lo ayuda en sus tareas, en vez de boicotearlo. 

¿Cómo superar los reflejos primitivos?

Realizar los movimientos típicos del primer año de vida: rodar, arrastrarse, reptar y gatear es fundamental para inhibir los reflejos. 

Además son imprescindibles las experiencias táctiles y vestibulares (equilibrio), que también están presentes en esos movimientos y en otros juegos, como trepar o columpiarse. 

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Edad óptima para superarlos

Te animo a que aproveches esta etapa hasta los 6 años, en la que se da la máxima plasticidad cerebral y corporal en los niños, para que hagan lo realmente importante. 

Y, aunque más allá de los 6 años es perfectamente posible recapitular esos procesos sensoriales y motrices, lo cierto es que el proceso es bastante más laborioso y lento.

De ahí la importancia de permitirles moverse, jugar, reír y cantar. De no acelerar la enseñanza formal y, en cambio, sentar las bases para que tengan éxito en el aprendizaje y en su desarrollo afectivo y social. 

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