¿Delante de una pantalla los niños aprenden a hablar?

Qué los humanos tengamos una aptitud innata para el lenguaje no basta para que cuando somos bebés arranquemos a hablar. 

Para hablar es necesario qué antes el bebé escuche a los adultos durante horas y horas. Y qué esos adultos se dirijan a él de forma afectiva, con expresividad, calma y mirándole a los ojos. Esto les acerca a la prosodia, ritmo y entonación del habla, aporta significado a las palabras y mucha información acerca de cómo formar los sonidos. 

Tanto la genética como el entorno cumplen una función y, cuánto más pequeño es el niño mayor es la impronta del medio. Nosotros somos una pieza decisiva para su desarrollo. 

Patricia K.Kuhl, la internacionalmente reconocida especialista en adquisición del lenguaje, realizó una serie de investigaciones utilizando la magnetoencelografía (MEG) para detectar cómo aprenden a hablar los niños. En el caso del MEG se trataba de observar el cerebro del bebé mientras escuchaba hablar. Las reflexiones qué traigo en este artículo parten de sus estudios publicados en la revista Mente&Cerebro (cuaderno 19).

Los bebés qué aprendieron chino

En 2003 hizo un experimento en Seattle exponiendo a bebés de 9 meses a 12 sesiones de chino mandarín, espaciadas cada una por un mes. 

Hicieron 4 grupos de bebés:

  • El grupo de control no recibió ningún estímulo. 
  • Un grupo estuvo con 5 educadores que hablaban en mandarín mientras ellos jugaban. 
  • A otro grupo les pusieron un vídeo en mandarín 
  • A otro grupo un audio en dicho idioma. 

El resultado fue qué solo los niños expuestos al chino hablado directamente aprendieron a reconocer esos fonemas extraños para ellos. Y lo aprendieron tan bien que se igualaron a niños chinos que habían escuchado ese idioma en casa en sus primeros 11 meses de vida. 

Los niños que estaban con los profesores de mandarín los vieron nombrar cada objeto mientras interactuaban con el mismo (pointing). Los que escucharon mandarín en audio o vídeo no aprendieron nada. Su capacidad no se diferenció de aquellos que no recibieron ningún estímulo.

Estos resultados demuestran que el aprendizaje no es un proceso pasivo. Necesita de relación, afectividad y resorte social.

Cómo aprenden a hablar los bebés

Los bebés guardan en su memoria los sonidos que oyen y estos condicionan las áreas del cerebro para emitir sonidos que imiten lo escuchado. La motivación para emitir estos sonidos o palabras depende del sistema de recompensa del cerebro, sobre todo de la dopamina que se segrega durante la interacción social. 

Es bien sabido que cuando un bebé dice por primera vez mamá, es tal la alegría que recibe de su progenitora, que repite esa experiencia rápidamente, para volver a sentir esa alegría. 

Al mirar a los ojos de los padres o educadores los bebés reciben señales que les ayudan a acelerar el proceso de aprendizaje de la lengua, ya que reciben claves sobre el significado de las palabras. 

La vinculación afectiva y la mirada son imprescindibles para aprender a hablar. 

Esto explica en parte por qué fracasó el aprendizaje del chino mandarín a través de medios tecnológicos. Por interactiva que sea una pantalla nunca podrá suplir la verdadera mirada e interacción afectiva humana.

Patricia Kuhn acota, “El niño de 18 meses aprende una palabra nueva si el adulto al decirla toma contacto con el niño y con el objeto nombrado”.  

Es una evidencia que dejar que las nuevas tecnologías usurpen nuestro papel de educadores no sale a cuenta.

Que tus hijos o alumnos interactúen contigo es fundamental para que desarrollen su habla. Ningún aparato puede sustituir lo que pueden aprender del contacto vivo y directo contigo. 

Quizá pienses que no haces las Rimas con Movimiento® lo bastante bien y por eso les pones directamente mi vídeo. Pero te aseguro que ya con la intención amorosa y la alegría del encuentro ocurren milagros. Además tienes la capacidad de optimizar la manera de dirigirte a los niños y de hacer las Rimas para que el efecto sea más potente aún.

Así qué te animo a seguir profundizando y aprendiendo cómo hacerlas cada vez mejor. 

Y ante todo te animo a hacerlas, sea como sea que te salgan.

¡Con la práctica y la experiencia lograrás la maestría!

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